Los negros africanos
sobrevivientes llegaron
a las costas de
esta isla y ahí
fueron sometidos
por los Caribes
Rojos, un grupo
de aborígenes,
descendientes de
Arawak y Caribes.
Dieciocho años
después,
la población
negra en la isla
aumentó por
los nacimientos,
el continuo comercio
y las migraciones
de negros cimarrones,
y sobrepasaron en
cantidad a la población
autóctona.
HACIA CENTROAMÉRICA
En 1668, ese crecimiento
poblacional provocó
una ruptura entre
los Caribes Rojos
y los garífunas,
que se apoderaron
de la zona este
de la isla para
fundar comunidades
libres de negros
africanos.
Entre ese año
y 1796, el pueblo
garífuna
se vio asediado
por los colonialistas
ingleses y franceses
que intentaron desalojarlos
y someterlos por
medio de la fuerza
y la religión.
A finales de 1796
y principios de
1797 los garífunas
fueron deportados
a la isla de Roatán,
en Honduras,
de donde se extendieron
a las costas continentales
y al este y sur
del nuevo territorio.
Según Araica
y Morales, una vez
que los garífunas
se instalaron en
el Caribe hondureño
iniciaron su lucha
por la tierra y
la resistencia contra
los colonizadores
europeos, particularmente
en la región
centroamericana,
donde los ingleses
y los españoles
se enfrentaban por
la posesión
y el dominio de
la llamada Costa
Atlántica.
Los investigadores
relatan también
que en esta situación
de guerra entre
las fuerzas coloniales
los garífunas
se aliaron en Honduras
a los españoles
para defender las
posesiones de éstos
ante el ataque inglés,
pero esta alianza
fue afectada por
otros hechos como
la abolición
de la esclavitud
(1807) por parte
de los ingleses
y el tratado de
unidad entre ingleses
y españoles
(1808), conocido
como pacto antifrancés.
La abolición
de la esclavitud,
primero, provocó
la escasez de la
fuerza de trabajo
y la consecuente
contratación
de mano de obra
garífuna
en los enclaves
económicos
madereros ingleses.
Pero después,
el tratado de unidad
también provocó
la discriminación
laboral de esta
mano de obra por
considerarlos enemigos
peligrosos por su
alianza pasada con
los franceses en
San Vicente.
Araica y Morales
agregan que entre
1808 y 1823, cuando
ocurrieron las guerras
independentistas
en Centroamérica,
los garífunas
participaron en
la lucha anti-insurdencia
al lado de los españoles
peninsulares. En
1812 defendieron
la ciudad de Olancho,
Honduras; en 1919
San Felipe, Guatemala,
y la ciudad de Trujillo.
Entonces, se les
concede el derecho
de habilitar como
libres ciudadanos
la costa caribeña
de Honduras, y ese
derecho se les ratificó
en la Constitución
Hondureña
de 1825. Pero en
1832 fueron perseguidos
y obligados a huir
hacia Belice
y Nicaragua. |